especias

Sobre las especias existen innumerables relatos, leyendas y descripciones realizadas por los griegos y el propio Herodoto en donde se nombraban la canela, el cardamomo, el anís estrellado o el carvi, que se designaba como aromata o condimenta.

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“Son el regalo del Paraíso” Una frase que, puesta en su tiempo y contexto refleja muy bien el ideario que en la edad media se tenía sobre ellas. Los comerciantes de la época, alimentaron esa creencia al poner en el mapa, entre el Éufrates y el Tigris, el Jardín del Edén. De esa forma, floreció el negocio de los cruzados al instalar sus almacenes en los puertos de Líbano y Siria.

Paraiso terrenal

Fue en un cantar de gesta que se popularizó hacia 1150 en La peregrinación de Carlomagno donde apareció el término por primera vez; – producto de la tierra – un significado simple derivado del latín. Las primeras referencias aparecidas en listados de papiros egipcios como aromas para embalsamar; y en los escritos de Chen Nong, emperador chino de hace 5.000 años. No obstante, la considerada una referencia en gastronomía, medicina y herbolaria medieval, Hildegarda de Bingen, despreciaba las especias y afirmaba que, el jengibre sumía a quien lo tomara en la tontera y pereza.

Carlomagno

Marco Polo, al regreso de un viaje por China, Birmania, la corte de Kublai Khan y haber pasado por la isla de las especias, Las Molucas, (1295) escribió sus memorias y en ellas contó tales maravillas que lo apodaron, incrédulos, Marco Millones. Sin embargo, se cuidó de ocultar la procedencia de la preciada canela.

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Las especias, el lujo y el refinamiento de la cocina medieval eran moneda de cambio. Vienen de lejos, del medio y lejano Oriente, y eran signo de riqueza, de modo que su papel era aún más social que gastronómico.

Los turcos, aplicaban tasas que llegaban a encarecer hasta un 80 por ciento el precio de salida de India. Una ley dictada por el rey visigodo Alarico en 408 exigió como ofrenda de sumisión una tonelada de pimienta, que tenía el mismo valor que el oro. Los burgueses de Béziers, desde 1107, debían pagar tres libras anuales de pimienta por familia al vizconde de Roger, como castigo por haber asesinado a su padre.

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Jengibre, canela y su flor, clavo, pimienta redonda, pimienta larga, azafrán, nuez moscada, galanga, laurel, comino, azúcar, almendra, ajos, cebollas, perejil, hoja de viña… Todas esas especias son las que, según el chef Taillevent, tiene que contar una cocina… Y la trufa, que no es propiamente una especia, sino un hongo aromático, vivió muchas contradicciones en la Edad Media: se la consideraba expresión demoníaca, pero era apreciada, tanto que constituía una ofrenda para reyes y nobles.

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A las especias se atribuye en la Edad Media, puntuales y diferenciadas virtudes medicinales, sobre todo aperitivas, digestivas y afrodisíacas. Aromas y especias se espolvoreaban para enriquecer, como ayudas digestivas, como objeto de lujo y como disimulo del penoso estado de los alimentos.

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Extractado de: Planeta Sedna

Fuentes Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook